“Siempre hice lo que me dijo el corazón. Y ahora mi corazón me dice que dé un paso al costado. Es uno de los días más tristes de mi vida, pero a la vez estoy feliz porque sé que estoy haciendo lo correcto”. Con esas (y muchas otras) palabras, Carlos Tevez le puso fin a una larga y fructífera carrera como jugador de Boca, repartida en tres ciclos a lo largo de casi 20 años y resumida en más de una decena de títulos locales e internacionales. Es el fin de una era para Boca: con “Carlitos” se va el último vestigio de un pasado glorioso, de una época en la que el “Xeneize” dominaba América y el mundo.
Para cuando comenzó la conferencia de prensa, ya todo el país sabía desde hacía horas lo que iba a anunciar, y que sus razones iban a apuntar hacia cualquier lado menos hacia la de sus diferencias con el Consejo de Fútbol y, en especial, con Juan Román Riquelme, otro de los símbolos de la época dorada. “No tengo nada más para darle al club. Como jugador lo di todo. Boca te exige dar lo máximo, y mentalmente no estoy en condiciones de darlo. No tuve ni tiempo de hacer el duelo por mi padre y ya estaba jugando de nuevo. Así es la exigencia de Boca. Ahora la que me necesita es mi familia”, argumentó el “Apache”, acompañado sólo por el presidente Jorge Ameal. No estuvo Román.
En principio había tres sillas, luego fueron dos: la que debía ser para Riquelme fue retirada antes de que comenzara la conferencia. Seguramente, el vicepresidente no quiso quitarle protagonismo a Tevez en su despedida, ni exponerse a preguntas incómodas sobre su relación con él. Simplemente apareció sobre el final para abrazarlo y transmitir una imagen conciliadora, aunque muchos desconfíen de la veracidad de ese gesto. Por el contrario, muchos ven en Román al principal responsable de que el capitán haya deslizado la posibilidad de retirarse en otro lado. El préstamo de Ramón Ábila a un equipo de la MLS dejó a Tevez sin su principal aliado dentro del plantel y fue interpretado como una señal de hostilidad desde el Consejo hacia el capitán.
“Al primero que llamé para comunicarle mi decisión fue a Román. Lo entendió. Hablamos una hora, queda entre él y yo”, aclaró Tevez, tratando de no echar más leña al fuego. Sin embargo, no le cayó para nada bien que indagaran sobre lo que había hablado con el vicepresidente. Simplemente se limitó a repetir sus motivos personales y familiares. “Doy un paso al costado para estar con mi familia y disfrutar de la vida. No le crean nada a nadie, esta decisión es exclusivamente mía”, insistió.
Si bien dejó en claro que, si decide seguir jugando, no lo hará en Argentina (“no jugaría en otro club del país que no sea Boca”), prometió que siempre estará para el hincha y para el club, aunque evitó hablar de ambiciones políticas, pese a su cercanía con el ala rival de la actuación conducción. “No es un adiós, es un hasta pronto. Mi sangre no es roja, mi sangre siempre va a ser azul y amarilla”, aseguró un emocionado Tevez en su despedida. Una figura de su importancia se merecía algo mejor.
Así habló Román
“Ya en los últimos partidos le empezó a costar mucho. Es lo único que no podemos arreglar: el tiempo que nos pasa a todos. Ya tiene 37 años y dio todo lo que podía dar”, señaló Riquelme.
Así habló Ameal
“Queremos que Carlitos tenga buenas vacaciones y que después venga a trabajar en el club. Que esto sea un hasta luego y no un ‘nunca más’. Vamos a tratar de hacer un partido homenaje”, dijo Ameal.